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miércoles, 21 de junio de 2017

¿Para qué (coño) sirve la filosofía? XI -Los privilegios de la filosofía

Es un privilegio de la filosofía y de la teología plantear preguntas que carecen de respuesta empírica.  (Manuel Fraijó, catedrático emérito de filosofía, en ¿Adiós al alma?, El País, 14 de abril de 2017)


¿Y si resultara, en efecto, que, precisamente eso que a quienes utilizan de manera despectiva la cuestión que titula esta seria de posts les sirve para (según ellos) constatar su inoperancia, fuera lo que justamente más específicamente caracteriza y eleva a la filosofía como (aspiración al) saber?

Va a resultar que la ciencia (como máximo exponente de ese supuesto "saber objetivo") no puede plantearse tal tipo de preguntas...  pero la filosofía si (luego, la ciencia está más limitada...).

Si queremos seguir en el discurso del utilitarismo (en el que todo tiene que servir para algo) diremos que una de las funciones principales de la filosofía es formular preguntas y plantear problemas, no necesariamente responder unas ni resolver otros:

- ¿Y esto para qué (coño) sirve? - pregunta el utilitarista.
- Para iluminar nuevas regiones de la realidad, para ampliar el conocimiento del mundo y de uno mismo; para plantear nuevos problemas hasta ahora no vislumbrados. -Responde el filósofo. Y añade -:  Y todo eso (y mucho más), si me obligas a mantenerme en el discurso del utilitarismo.  Pero, si no, te diré que detesto la idea de que todo tenga que servir para algo, especialmente cuando ese "servir" es tan corto de miras como el tuyo: meramente productivo, economicista.  

Aristóteles (Metafísica) dijo que la filosofía era el más elevado de los saberes precisamente porque no sirve para nada.  Esto hoy no se entiende y se toma por una simple boutade de filósofo.  Pues no.  El saber, el auténtico saber no se preocupa de obtener ningún fin (mucho menos económico), es más una aspiración a saber (filo-Sofía: amor por la sabiduría).  


Dice Raoul Vaneigem: 
¿Acaso no es según esta perspectiva [la del poder, que no es sino el declive del último abrazo de Dios... de un Deus absconditus, un Dios que se ha convertido en el espíritu de los hombres en el "gran objeto exterior"] que la sociología, la psicología, la economía y las llamadas ciencias humanas [ni hablamos ya de las otras, las ciencias "puras", "objetivas"...] -tan preocupadas por observar "objetivamente" ajustan su microscopio?

Todo el conocimiento se halla hoy aherrojado bajo la perspectiva y la obligación de formar parte de "lo útil", "lo práctico", "lo productivo" (¡elegid algo que estudiar entre un catálogo infame de carreras "con salida", "que den dinero"¡), lo demás... sobra.   ¿No será, antes bien, al contrario?  ¿No tendremos la única posibilidad de ser libres (de ser humanos) gracias a este (afán de) saber no objetivo, no finalista, no productivo?

De un hombre se hace un perro, un ladrillo, un paraca, y ¿no sabríamos hacer un hombre?, nos advierte el mismo autor.

Cambiamos de autor, mas no de perspectiva:

¿Qué brinda la adquisición de conocimientos sobre el hombre al conocimiento que el hombre posee acerca de sí mismo?  ¿Qué puede producir en la práctica?  La respuesta predilecta a estas preguntas habla hoy de un "cambio de conciencia", nos dice el padre de la hermenéutica.

Y ese es, en definitiva, el propósito de las humanidades.  Y, como su más excelsa representante, de la filosofía.

Pero en realidad, queridos amigos, todo esto sobra.  Pues esta es la justificación a que nos obliga el universo utilitarista en que nos han encerrado.  Nosotros, en cambio, estamos fuera: somos libres. 











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