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jueves, 7 de mayo de 2015

El hombre como ser-para-la-muerte

Leyendo algunos fragmentos del Homenaje a Cataluña  (1938) de G. Orwell en los que escribe sobre cuando estuvo a punto de morir a causa de un disparo durante su estancia en los conflictos de la Segunda República española (1931-1939) -que finalmente condujeron a la Guerra Civil- es fácil confirmar que en nuestras sociedades (occidentales) actuales la presencia y la reflexión sobre la muerte ha sido abolida (para perjuicio de todos, pues la presencia y la reflexión sobre la muerte pueden arrojar un nuevo y  más clarificador punto de vista sobre la vida).
Muy al contrario, negar la realidad y la inherencia de la muerte en la vida humana es un gran error del que Cioran siempre nos ha advertido.  Sirva como ejemplo este extracto de su maravilloso En las cimas de la desesperación (1933):

Los seres que gozan de buena salud1 no poseen ni la experiencia de la agonía ni la sensación de la muerte.  Su vida se desarrolla como si tuviera un carácter definitivo. Es característico de las personas normales considerar la muerte como algo que procede del exterior, y no como una fatalidad inherente al ser.  Una de las mayores ilusiones que existen consiste en olvidar que la vida se halla cautiva de la muerte.  Las revelaciones de orden metafísico comienzan únicamente cuando el equilibrio superficial del hombre empieza a vacilar y la espontaneidad ingenua es sustituida entonces por un tormento profundo.

1
No se refiere aquí Cioran sólo a la salud física, sino también a la “salud metafísica”, de la que tal vez otro día podamos hablar.
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