Google+ EL ASESOR FILOSOFICO: ¿PARA QUÉ (COÑO) SIRVE LA FILOSOFÍA? VII. De dónde venimos y adónde vamos <meta content='asesoria filosofica' name='description'/> <meta content='filosofia' name='keywords'/>

sábado, 23 de agosto de 2014

¿PARA QUÉ (COÑO) SIRVE LA FILOSOFÍA?
VII. De dónde venimos y adónde vamos

Cronología del Universo


Por supuesto, y como siempre ocurre con ella (lo cual no es ni bueno ni malo: simplemente es), la ciencia no nos da la última respuesta, sino sólo respuestas temporales y parciales (a la espera de falsación, por hablar en términos popperianos).

Es la actitud filosófica, como varias veces hemos resaltado en este blog, la que continuará la búsqueda por la respuestas últimas, que, paradójicamente, en realidad tendrán la forma de nuevas preguntas:
 
Pero, ¿qué había antes del Big Bang (pregunta filosófica sobre el primer motor, motor inmóvil o causa incausada en términos aristotélicos)?
 
Y, ¿ha sido todo un proceso meramente azaroso o podemos hablar de alguna forma de causalidad (pregunta filosófica acerca de la causalidad vs casualidad)? 

Entonces, ¿el ser humano está meramente sometido a las leyes físicas igual que si fuera una piedra o tiene algún grado de libertad (preguntas filosóficas por la cuestión del determinismo vs indeterminismo y de la libertad -o no- del ser humano)?

Así, ¿cabe hablar de algún tipo de divinidad detrás de todo este proceso (filosofía de la religión; también filosofía natural)?

Por cierto, ¿por qué existe algo y no más bien nada (pregunta metafísica por excelencia)?

Si esto es así, ¿cabe otorgar algún sentido al conjunto de lo existente o es todo meramente superfluo (pregunta teleológica donde las haya)?

El hecho de que aún no tengamos respuestas para tantas y tantas preguntas, ¿es un límite de nuestra capacidad de conocer (límite epistemológico, teóricamente superable aunque aún no sepamos cómo) o es un límite de la realidad misma que estamos intentando descifrar (límite ontológico, insalvable por tanto -único resquicio al que, aunque muchos no lo sepan, pueden acogerse los que defienden la existencia de Dios-)?

 Y tantas y tantas otras.

Así pues, si ni siquiera la ciencia es capaz de decirnos  de dónde venimos, ¿cómo podríamos confiar en que los avances tecnológicos (que, por si fuera poco, están dirigidos por políticos, los cuales –para más inri–  sólo funcionan con su cortoplacismo ombliguista y economicista) puedan marcarnos el camino a seguir (como individuos y como especie)?

En absoluto se defiende aquí una posición de ningún tipo de vuelta a las cavernas, pero detengámonos durante un momento a observar nuestro día a día y veremos con facilidad de lo que aquí se está hablando:  la tecnología es tan entretenida que parece un juego (¡hasta los niños la manejan sin problemas!) y todos queremos ser partícipes de lo último de lo último.

Pero la tecnología está guiada por intereses económicos, y en éstos (como estamos teniendo la desgracia de comprobar en la actualidad) un papel importante lo juegan los políticos.  Pues bien, ni unos ni otros buscan ni la verdad (sea eso lo que sea) ni el mejoramiento del ser humano, siendo las Humanidades -en general- y la Filosofía -en especial- las disciplinas que desde siempre han perseguido objetivos tan necesarios y desinteresados. (¿O acaso os podéis imaginar a un político buscando la verdad?  ¿O a un software developer de Silicon Valley desarrollando alguna App que no le vaya a reportar beneficio económico por alguna vía?)

Sigamos dejándonos guiar por unos (Facebook como una de las grandes aportaciones al mejoramiento de la especie) y por otros (neoliberales neothatcherianos a los que después de arruinarnos tendremos que rescatar) mientras les indicamos a cada minuto de nuestra vida dónde estamos (geolocalización), con quién (repositorios con nuestras fotos familiares), en qué estado de ánimo (selfies varios) y si nos gusta (¡Me gusta¡  ¡No me gusta!) o no la chaqueta de la última estrellita pop que el sistema de marketing global ha generado (y para cuyo ocaso ya tiene repuesto)…

¿Seguro que es éste el camino por el que queremos ir?  Como diría Nietzsche, quien tenga oídos para oir, que oiga.



  

2 comentarios:

  1. Y ¿ por qué ocurre esto?ó ¿ por qué permitimos q ocurra esto?, quizás algunas preguntas si tengan fácil respuesta.

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    1. Gracias por participar.
      En "respuesta" a tu pregunta, y actualizando a Nietzsche: ¿tal vez porque nuestros oídos ya no son tales, sino inopinadas antenas al servicio del sistema?

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