Google+ EL ASESOR FILOSOFICO: Agustín García Calvo, sin más <meta content='asesoria filosofica' name='description'/> <meta content='filosofia' name='keywords'/>

domingo, 4 de noviembre de 2012

Agustín García Calvo, sin más

El mes ha comenzado con la muerte de Agustín García Calvo, pensador ácrata expulsado por el régimen (el franquista, no el de Rajoy I de España) de su cátedra en la Universidad de Sevilla.

Tuve ocasión de conocerle y de comer con él hace algunos años, gracias a la mediación de un amigo, también filósofo, que le invitó a dar una charla en un IES de Secundaria (uno público, evidentemente -difícilmente los colegios privados, en manos del Opus, hubieran accedido-).

Es este mismo amigo el que me hace llegar estos fragmentos de la obra singular de García Calvo, que a continuación comparto gustoso con todos vosotros.  Gracias, Víctor.  Gracias, Agustín.

Descanse en paz


Nacer y morir.
Cuántas veces habrá tenido Vd. que escribir en documentos la fecha de su nacimiento, el día al menos para la Administración, y si, para completar la broma, se mete Vd. en horóscopos y cálculos astrales, hasta la hora y el minuto? Pero, hombre, ¿cómo puede vd. creer semejante cosa? ¿Qué pruebas tiene Vd. del caso? No le va a dejar muy tranquilo el testimonio de los mayores, con la mala memoria, intenciones y fantasías de que están cargados; pero Vd. mismo, lo peor: ¿cómo va uno a haber nacido en tal fecha, cuando es tan claro que en aquel entonces uno no estaba?
 
 

       ¿Se lo toma Vd. como un convenio necesario, una falsificación venial? No sabe lo que están haciendo con usted: al Estado, la Banca, el Seguro, que consisten en administración de futuro, o séase de muerte, les hace falta, sí, saber desde cuándo tienen que contar con usted, porque, ya que se le ha fijado un fin (en fecha cierta o probabilísticamente calculable), el fin, amigo, requiere su principio; pero a usted…vamos, no digo su persona jurídica, sino lo que quede de Vd.  por bajo de ella, a tí no te hace falta para nada saber cuándo has nacido: por el contrario, eso te mete preso, te condena y te ejecuta.

Tú, de veras, no has nacido nunca: lo que salió al aire del seno de tu madre, por más que acaso de meses atrás le buscaran un Nombre Propio para que no se les escapara, eso no eras tú, y todavía estuvo resistiéndose año y medio o más a que lo hicieran ser Usted: a Vd. lo costituyeron cuando, por esos meses y ya en el idioma de su tribu, le comunicaron “Has de morir”, le crearon un porvenir. Y ya entiendes cómo luego esa noticia hubo de venir, hacia atrás, a clavarte en el registro y en la fecha de tu nacimiento.

       Pero no hagas tanto caso de ese manejo, hombre: se trata nada más que del Tiempo, ése en que te hacen creer, en que quieren encerrarte, el del reloj y el calendario, que es el que el Poder, su Orden ideal y sus negocios, necesita: tanto, que ya toma la Ciencia a su servicio y hace con el mundo lo mismo que contigo: como tiene un fin, ya que tiene un futuro, tiene que tener también un principio y hasta matemáticamente fijado, Génesis, Big-Bang y hasta el Origen del Tiempo, ¡madre mía!, y demás fantasías que te han venido contando a lo largo de los siglos.
       Pero eso a tí no te toca: tú no has nacido nunca ni vas a morirte un día, porque te estás muriendo y a la vez naciendo, conmigo, ahora, y sin darte cuenta.

Agustín García Calvo en el año 2000
-Foto tomada de la agencia Efe en El periódico.com-
 
Mentiras Principales.63.- UNA BUENA MUERTE
 
           Se oye a menudo, y se desea, y hasta le rezan al Cristo de la buena muerte; dos cosas que chocan tanto una con otra: ¿cómo va a haber una muerte buena? Vamos a ver: ¿no era la muerte el fin de todo, si es que uno es  uno de verdad, y si ése que muere es uno? Pues eso ¿cómo va a ser bueno?, o bueno ¿para quién? Para uno, desde luego, no: ¿será para herederos, Patria, Humanidad, Progreso, el Nombre propio de uno? Pero todo eso ¿qué diablos le importa a uno, si lo han quitado ya del medio?

O será que uno no era uno de verdad; que, si fuese verdad que es el que es, sería como Dios, y ése no muere nunca; pero entonces, ¿a qué viene pedir una buena muerte? Será que no se trata de la suya (porque él no puede morir), sino la de algo como eso que el alma llama cuerpo,  que no es él, pero que está ligado a él, Dios sabe cómo, y que por eso…

      Pero, hombre (me dirá enseguida algún vecino), es que te equivocas: lo que en realidad se pide no se refiere a la Muerte, así a lo bruto y general, sino sólo al trance, a pasar el trance de morir. Ya entiendo, vecino: como si, al llamar a la puerta de una que no sabes si te quiere o no, pides que, al abrir, te ponga cara sonriente. Pero eso ¿a quién vas a pedírselo? No a Dios o sus santos, porque en eso,  ni ellos ni el médico con sus drogas ni el gobernador que ordene a un esbirro pegarte de una vez un tiro, no saben ni entienden.

Acaso eso de morir no es nada trascendental ni definitivo, no es un trance de muerte, sino de vida, como los otros trances. Y esto de vivir, si te olvidas de ser uno y te vuelves un animalillo o cosa como las cosas, no es más que dejar que te pase lo que sea (alguna hay, más sabia, no todopoderosa, sino sin fin, que se cuida por tí de esos asuntos), y ese trance que te dicen último no es más que otro de los incontables que vas pasando.

Ya (dice la vecina), pues entonces tiene sentido desear que pase buenamente. Sí, querida vecina, sólo que eso no es nada futuro (en el futuro no pasa nada, porque es mentira, y no hay mentira que sea buena), sino que te toca ahora: es ahora cuando puedes ir desprendiéndote de tí misma, por si acaso.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario