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jueves, 12 de abril de 2012

HOMO STULTUS



“La estupidez es una enfermedad de lo más curiosa: no la sufre quien la padece, sino quienes le rodean”

Rara, en verdad; precisamente por esa asintomatología que (no) sufre quien la padece y en virtud de la cual el drama está servido: ¿cómo hacer ver a quién no ve en sí mismo ningún síntoma que, pese a todo, está gravemente enfermo?

Estos casos, cada vez  más tristemente habituales en nuestra sociedad, son harto difíciles de curar.  En no pocas ocasiones, el enfermo alardea incluso de su (a su parecer) excelente estado de salud, llegando incluso a considerar enfermo precisamente a quien pretende ayudar a su curación.

Ante conocimientos que el aquejado de ignorancia 1 considera inútiles 2 esgrimirá la consabida retahíla de lo que él considera irrebatibles argumentos: son conocimientos inútiles; son aburridos; tratan de cosas antiguas…  muy antiguas; no le gustan; etc.

En todos los casos conocidos, el homo stultus enumera a continuación los saberes que, según su criterio, sí merecen ser conocidos: no falta en tales enumeraciones el fútbol o cualquier otra clase de actividad no mental; los saberes prácticos (carpinterías varias, fontanerías…  ingenierías –cosa que estos enfermos no suelen ser, pero que piensan poder haber sido si hubieran querido–).

Los estudios de campo muestran que un buen número de estos enfermos gusta, para terminar su argumentación 3, de hacer una  pequeña demostración de las cosas que no sólo ignoran, sino que están orgullosos de ignorar y de no tener la más mínima intención de conocer: los títulos de las obras literarias de tal y cual autor…  y el autor mismo; los aspectos más básicos del pensamiento de los pensadores más ilustres…  y a los pensadores mismos; los hitos más influyentes de la historia del mundo y de su país y de su región y de su generación; y un largo etcétera.

Por contra, el homo stultus será capaz de recitar con ridículo orgullo la alineación completa de la selección en su último partido (tal vez la de toda la temporada, en casos extremos); de enumerar los trofeos ganados por el equipo de sus amores a lo largo de su historia futbolística, incluyendo los años y el divertido anecdotario que acompañan a cada uno; tarareará conmovido la última estúpida canción de moda –preferiblemente si es en español, claro está–; habrá visto y disfrutado la última estúpida comedia americana 4 así como la más reciente serie televisiva de éxito; y un largo etcétera.

En alguna de las variantes de esta enfermedad, el homo stultus se creerá también un revolucionario o un anti-sistema por llevar a cabo una serie de prácticas que, en su ignorancia, considera Anti-Establishment: el consumo de sustancias estupefacientes, la destrucción del mobiliario urbano o el desprecio a la posibilidad de formación que le ofrece el sistema universal (nunca lo fue realmente, y cada vez menos) de enseñanza pública gratuita. 5

Así las cosas, tan sólo nos queda esperar que se suspenda completamente toda actividad relacionada con las Humanidades; que se nos implante a todos un chip que nos haga realizar las tareas técnicas para las que el poder nos haya destinado (carpintería, chapa y pintura, enyesados, etc.) y que no nos planteemos si tal estado de cosas es normal o no ni si se puede cambiar o es el estado natural de las cosas 6.

De momento, el primer hito en este camino lo ha puesto Bolonia.  Lejos de ver en ello el peligro que supone, el Homo Stultus lo festeja alborozado y afirma: Por fin planifican unos planes de estudio y una sociedad a mi medida.  ¿Para qué conocer la Historia, si nadie me va a contratar por saber qué hizo que el mundo sea como es hoy en día?  ¿Para qué leer, si con mi fútbol7 me olvido de que cada vez tengo menos derechos?  ¿Para qué estudiar Filosofía en el Bachillerato, si conocer las ideas (o su ausencia) que subyacen al modo en que ocurren las cosas es cosa de locos (variante: es cosa de quien no tiene nada que hacer)?
reverencia continuada

Pero claro, preguntarse tales cosas indicará que aún no han implantado completamente la sociedad a la que nos llevan.
No problem: el Homo Stultus contribuye, feliz, a su propia aniquilación.
                                                  Y es que

Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho

(Ricardo Flores Magón)
NOTAS:
1 Aceptamos la equivalencia: estupidez=ignorancia; ignorancia=estupidez
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2Existe una lista de conocimientos que, típicamente, el ignorante incluye automáticamente en tal categoría:  la Literatura, la Historia, la Geografía, el Latín, el Griego, la Lengua y, por supuesto, la Filosofía
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3Contribuyamos a su curación aceptando que sus incoherentes ilaciones constituyen algún tipo de razonamiento que por alguna extraña razón Aristóteles no incluyó en sus tratados de Lógica y de Retórica.
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4 Nos referimos aquí, evidentemente, a esas comedias (y filmes en general) que, en un mundo normal, se emitirían sólo en salas de cine especializadas para retrasados mentales (por muy políticamente incorrecto que sea decir esto, lo digo; es evidente, en todo caso, que no me refiero a quienes están catalogados como Down, sino a quienes sin estarlo lo son)
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5 Qué duda cabe de que el poder se siente tremendamente acorralado cada vez que uno de nuestros jóvenes se fuma un porro (los responsables de la ONU sufren grandes depresiones al consultar las estadísticas de consumo de drogas), rompe una papelera (cuya sustitución pagaremos todos los demás…  excepto el alcalde que ordena sustituirla, claro) o se convierte en un marginado social (de nuevo, los gerifaltes de la ONU, nuestros alcaldes y nuestras esperanzas aguirres pierden el sueño con las estadísticas)
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6 Cuando hayan conseguido que lo consideremos natural, habrán conseguido que lo consideremos, por tanto, eterno, inmodificable (“así son las cosas, así han sido siempre y así serán eternamente, porque no hay otra forma de organizar las cosas”, será nuestro lema –suponiendo que para entonces exista algo que se pueda denominar pensamiento)
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 7Marx dijo: La religión es el opio del pueblo.  Claro, era el siglo XIX.  Hoy diría: El fútbol es el opio del pueblo. regresar al texto
  

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