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sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Para qué (coño) sirve la Filosofía IV?

Baruch Spinoza (1632-1677)
Aunque esa bonita entelequia que es el gran público sin duda conoce los nombres y tal vez algo de la Filosofía de un Platón, un Aristóteles o un Marx, tengo para mí que no ocurre lo mismo con nuestro filósofo protagonista de hoy.  Pareciera realmente que la maldición que sus por un tiempo correligionarios, y sin embargo amigos (¿acaso la historia de la amistad no es, querido lector, la historia de la traición?), de la comunidad judía de Amsterdam le lanzaron continuara vigente.  Y si, en el caso de los filósofos tratados en los anteriores capítulos de esta serie podíamos sin exagerar hablar de mártires (de la Filosofía, claro está), en el caso de Spinoza esto es aún más pertinente… si cabe.

                                           Pero, antes de nada, presentémonos
Spinoza

Queridos lectores, éste es Baruch (Benedictus, en latín) Spinoza.
O, mejor dicho, éste era.


Porque lo que la comunidad judía ortodoxa le hizo  a Spinoza el 27 de julio de 1656 (de forma oficial, claro, puesto que lo que hoy denominaríamos mobbing venían infligiéndoselo a nuestro protagonista desde mucho antes) fue más o menos esto:
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 (Discúlpenme los lectores y el propio Spinoza –allí donde esté–, pues no soy yo nada aficionado a las referencias escatológicas, pero estoy de acuerdo en que en muchas ocasiones una imagen vale más que mil palabras y, no por desagradable menos cierto, esto es lo que en definitiva hizo la comunidad ortodoxa judía de Amsterdam con nuestro filósofo protagonista de hoy.)

Este lamentable proceso escatológico que las preclaras ¿mentes? rabínicas holandesas (por residencia, que no por origen, pues la comunidad era sefardí : portuguesa, para más señas) perpetraron (tal vez por iluminación divina) sobre nuestro filósofo tiene un nombre oficial, mucho más culto y aséptico: Cherem (si lo castellanizamos) o Hérem (si mantenemos la fonética hebrea). Se trata de la mayor censura eclesiástica judía e implica la exclusión de una persona de la comunidad a la que pertenece (wikipedia dixit).  Es la excomunión católica, para entendernos.

Si bien todo esto no debería sorprendernos, pues tanto la una como la otra no son sino la adaptación católica y judía, respectivamente, de la damnatio memoriae romana: la invisibilización y el olvido legal de un fallecido considerado dañino y nefasto para las instituciones y el pueblo de Roma (Agripina, Nerón, Casio o Treboniano saben de lo que hablo).    Creo que también a Salman Rushdie  le resultará familiar.

Los hechos monstruosos y las abominables herejías de las que se acusó al bueno de Spinoza fueron, suponemos, las que aparecen en sus escritos (y eso que sólo publicó un libro con su verdadero nombre a lo largo de toda su vida) como por ejemplo (un dos tres, responda otra vez –y es que el poder tiene la pertinaz manía de repetirse a sí mismo no importa las circunstancias concretas ni el ámbito en que se ejerce: religión, política…– ): negar la inmortalidad del alma o la concepción judaica (ortodoxa) del Dios providencial de Abraham, Isaac y Jacob y, sobre todo (sospecho) proponer que la Ley Judía (Halajá) ni fue dicha por Dios ni concedida con especial amor  al pueblo judío. 

El caso es que nuestro Benito, que iba para rabino de los que hacen historia, tuvo que acabar ganándose la vida como pulidor de lentes.  Esto no será finalmente algo meramente anecdótico, pues parece que su corta vida (44 años) acabó minada por la silicosis contraída como consecuencia de respirar constantemente el polvo del vidrio de las lentes que pulía.
Sin embargo, en este caso la historia tiene final feliz.  ¿Cómo puede ser esto?  Sencillo: Spinoza se sintió sin duda aliviado por haber podido abandonar aquella comunidad judía tan refractaria a la razón.  Además, la fe (judía) de sus años de juventud, hacía ya tiempo que había desaparecido (cosa que suele pasar cuando se hace una criba racional del conjunto de dogmas que sostienen cualquier religión).

Tractatus Theologicus PoliticusTras el revuelo causado por su Tractatus theologico-politicus (1670) -que, de todas formas, había publicado anónimamente– decide publicar su obra sólo póstumamente (serán sus amigos y su creciente número de admiradores quienes se encarguen de ello). 








index librorum prohibitorum
Sus libros se acabarían incluyendo también en el Index Librorum Prohibitorum (Índice de Libros Prohibidos) de la Iglesia Católica.











Algunos rasgos de este hombre (de)muestran su personalidad, rasgos que para nuestros contemporáneos (nuestros vecinos de portal, por ejemplo, o –peor aún– nuestros políticos) sonarán raro, raro hasta el temor:

               Harold Bloom comenta en el Chicago Tribune (June 16, 2006) que Spinoza no parece haber tenido vida sexual.  (Nuestros vecinos de portal directamente no entienden nada, ponen cara de póker y cambian de canal.)

                                                          cara de no comprender
                
              El crítico M. Stuart Phelps comentó: “Nadie ha estado jamás más cerca del ideal de vida del filósofo que Spinoza.” (Nuestro vecino de portal le comenta a nuestra vecina de portal: “Pues qué bien…”).

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             En 1878, el New York Times (de nuevo) publicaba: “En su apariencia externa, (Spinoza) no era pretencioso, sin ser descuidado.  Su modo de vida era sobremanera modesto y retirado; con frecuencia no salía de su habitación durante muchos días seguidos.” (A Vecino y Vecina les parece faltar el aire con la mera mención de tal hábito).

                     forges08 

En 1673 Spinoza rechaza una cátedra de Filosofía en la Universidad de Heidelberg, pues se le exigía no perturbar la religión públicamente establecida.  (Francisco Camps, Emilio Botín, Cristiano Ronaldo no entienden nada, se miran los unos a los otros y deciden seguir a lo suyo.  -Oye,¿pero de quién y de qué coño está hablando este tío?, se atreve, finalmente, a preguntar uno de ellos.  Silencio absoluto.  Paco se va al sastre, el Sr. Botín llama a su chófer con urgencia: debe ir rápidamente a las oficinas a subirnos las hipotecas;  y Cristiano… en fin, Cristiano…  ¡¿A qué podrá dedicarse este nuevo rico si no es sábado o domingo?!…  Dudo que alguna vez nos lo encontremos en la Casa del libro, la verdad.)

                                  forges-etica

Por último yo, modestamente, afirmo: Spinoza representa la libertad interior y la importancia de dotarse de una personalidad propia para guarecernos de los vaivenes del mundo y de las opiniones (subjetivas siempre, interesadas las más de las veces) de nuestros congéneres.  Sin llegar a la manía persecutoria de un Rousseau, pero sin ceder ese último reducto de libertad al que podríamos denominar nuestro interior, constituido por el conjunto de opiniones, tendencias, intereses, pasiones, etc. propios de nuestra Weltanschauung, no de la ajena. 
Aunque para ello debamos ganarnos la vida como barrenderos… o pulidores de lentes.


 





















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