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viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Para qué (coño) sirve la Filosofía? III


Thomas More (1478-1535)
Invito a todos los lectores de este blog a ver una de las películas que aparecen en mi listado (a la derecha) de películas favoritas: A man for all seasons (Fred Zinnemann, 1966)poster2%20a%20man%20for%20all%20seasons%20DVD_VIDEO-3No sólo se encontrarán con una agradabilísima sorpresa (y digo sorpresa porque no suele encontrarse precisamente con facilidad en ningún Blockbuster) desde el punto de vista cinematográfico (6 premios Óscar –entre ellos mejor director y mejor película– avalan su calidad), sino que quedarán (si la actual vorágine de imágenes supuestamente espectaculares que nuestra cultura produce y promueve sin pausa para que no sea posible la reflexión en los cerebros de sus víctimas no ha dejado a mis hipotéticos lectores sin la más mínima capacidad para la emoción y la reflexión –y, si estáis leyendo esto, sé positivamente que eso no ha sucedido–) sobrecogidos por el ejemplo humano que Tomás Moro representa.
¿Qué lleva a un hombre a escoger la cárcel y, finalmente, su decapitación (inicialmente tenía que ser hanged, drawn and quarted –colgado, arrastrado por un caballo hasta el lugar de la ejecución- y descuartizado, como correspondía a todo traidor que no pertenecía la nobleza, pero el rey conmutó esa pena por la simple decapitación) frente a un futuro y un presente tan agradables como los que le esperaban en la corte si hubiera decidido seguir siendo el favorito de Henry VIII de Inglaterra?
¿Qué puede llevar a alguien a sacrificar no sólo su propia vida, sino la de sus seres más queridos (esposa e hija, a las que cambiaba una vida muelle por una condena al destierro y a la indigencia)?
 sherlock001      vs     250px-Execution_of_thomas_armstrong_1683
Claro, estamos hablando de un hombre de los siglos XV-XVI.  Éstos fueron aún, a pesar de la Revolución Científica,  siglos de un teocentrismo residual, en los que la Iglesia Cristiana mantuvo aún en Occidente más poder e influencia del que jamás antes hubiera tenido y del que, seguramente,  jamás volverá a tener.  Por ello, habrá quien interprete la fuerza moral de Tomás Moro como dada por Dios o como mero fruto de sus creencias religiosas: ¿no era, acaso, teólogo?; ¿no fue, por ventura, canonizado por la Iglesia Católica? 
Sí, todo es cierto.  Pero cualquiera de esos argumentos olvida que Tomás Moro era un hombre, no un dios.  Era uno de nosotros.
Su fuerza y su entereza provienen de un conjunto de cualidades de las que ya no se trata de que en nuestra sociedad actual (occidental, construida sobre la lógica del tener, no la del ser) sean poco frecuentes (siempre lo han sido), sino que, siendo las que nos hacen personas y nos definen como seres humanos, han logrado finalmente presentarnos como ridículas, ajenas, inútiles.
Esto conviene a la lógica subyacente con la que funciona nuestro mundo, pues con tales cualidades el engranaje no funcionaría (estaría desengrasado, podríamos decir: la maquinaria infame comenzaría a chirriar y, entonces, todos los que, sin saberlo, hacen de eslabones de la misma se apercibirían del ruido y, suponemos, reaccionarían).  ¿Qué más temido que una reacción?  ¿Qué más deseado por el poder que cebar a los que van a ser sacrificados?  Y cuanto más cebados, más ciegos.  El mecanismo es perverso, sin duda: al principio del proceso, el cebo simplemente se nos suministra; al final, nosotros mismos somos quienes pedimos el cebo. 
cerdos
Tomás Moro se negó a ser cebado.
-Ése fue su error -dice la lógica perversa del engranaje
-Ésa fue su victoria -sabe la lógica inapelable del ser, la de la vida (antes de que Bolonia nos convierta a todos en androides).

(Y ahora, queridos e hipotéticos lectores, os pido un favor: id y disfrutad con A man for all seasons.)






Curiosidad del post:
Amicus Plato sed magis amica veritas es una locución latina cuya traducción literal es: "Platón es (mi) amigo, pero la verdad es más (mi) amiga". Fue citada por Ammonio en su obra La vida de Aristóteles. Utilízala cuando quieras decir que no te casas con nadie Guiño

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